Algunos heterónimos de Jacques Lacan

lacanSucedió en Boston, en 1975. No hay duda. Un Lacan furioso se negaba a usar corbata para permanecer en el restaurante.  La revista Actuel hará de esa anécdota, la viñeta para la portada de su número dedicado a  Las aventuras de Jacques Lacan[1]. Catherine Clément[2] describe a ese tipo del blazer de rayas blancas y azules que rompe platos, portador de una mirada enloquecida y de una boca de par en par abierta, como un Lacan que le resulta desconocido.  No, no es el Lacan encantador y seductor que todas las semanas dicta su seminario con frases esotéricas y reveladoras, ofreciendo por momentos, según la escritora, un diálogo íntimo, un guiño personal. Tampoco es el Lacan al que dejó de visitar porque dibujaba, casi exclusivamente, cordeles en la pizarra. No es el Lacan que cambió la palabra por  garabatos, el silencio con más silencio y con más silencio el mutismo. El Lacan de Pierre Rey[3] dista aun más de aquél que describe la revista: su Lacan fuma en cantidades extraordinarias hasta convertir el consultorio en una nube blanca. Su Lacan es amable, le ayuda a conseguir  entrevistas, le ofrece su número personal en caso de necesidad, al tiempo que deja, sin inmutarse, que Pierre Rey cometa sus propios y dolorosos errores. Mientras que el Lacan de Pierre Rey  ofrece libertad, el  Lacan de Gerard Haddad[4] es más metódico: dirige por momentos el análisis, le pone a prueba en cada paso, acepta que los avatares del trabajo de su paciente configuren la experiencia analítica. El Lacan de Gerard Haddad practicará las famosas sesiones breves, las que duran sólo segundos. Sesiones con la puerta entreabierta, sesiones con un Lacan ausente. También el Lacan de Stuart Schneiderman[5] practica las sesiones breves; su Lacan no tiene buenos modales ni consideración, corta las sesiones sin titubear ni dar explicaciones. Su Lacan es un Lacan incomprendido, poco valorado. Su Lacan aun merece más llanto. El Lacan de Elisabeth Roudinesco[6] quería ser reconocido, quería ser respetado, buscaba los grupos más exclusivos de intelectuales para formar parte de ellos. Es un Lacan más variado. Confundiendo lo objetivo con la variedad, la autora construye un Lacan variopinto, con el tono de elegante distancia de quien cree escapar de lo que enuncia. Advertido de esa imposibilidad, Jean Allouch[7]  acompaña a su Lacan de las 213 ocurrencias, cuando es posible,  con notas al margen.  El Lacan  de Francois Whal[8] acepta, no sin rechistar, las sugerencias para hacer textos más legibles. Su Lacan acepta escribir. Hay más  Lacan(es), siempre lo habrá. Y es que, si la experiencia del análisis sesga la lectura de los textos psicoanalíticos, sesga también, en cada analizante, un Lacan y un Freud, una teoría y una práctica, una singularidad  y un eco de singularidades.

Escrito por: Jorge Antolin

[1] La imagen que acompaña al texto es la viñeta de la que se habla.

[2] Vidas y Leyendas de Jacques Lacan. Catherine Clément. Anagrama, 1993.

[3] Una temporada con Lacan. Pierre Rey. Seix Barral, 1995.

[4] El día que Lacan me adoptó. Gérard Haddad. Letra Viva, 2006.

[5] Lacan: la muerte de un héroe intelectual. Stuart Scheiderman. Gedisa Editorial, 1986

[6] Lacan. Elisabeth Roudinesco. Fondo de cultura económica, 2005.

[7] 213 ocurrencias con Jacques Lacan. Jean Allouch. Sitesa, 1992.

[8] Editor y corrector de los escritos de Jacques Lacan.

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3 pensamientos en “Algunos heterónimos de Jacques Lacan

  1. Las figuras de Lacan! Buen texto Jorge.
    Recordé el Lacan del psiquiatra Jean Guy-Godin (Calle Rue de Lille nº 5, Ediciones de la Flor, 1992 ) es un Lacan que si ya titubeas en la primera sesión, en su caso, es un tembleque que aumenta de manera exponencial.
    Según lo que nos cuenta también Jorge baños Orellana (en la Novela de Lacan) “Sentado en una pequeña butaca, Godin presencio a un Lacan imponente, que no cesaba de pasear, “su vientre hinchado como un gran globo” y que lo instigaba a tomar decisiones… ¿Cuánto pensaba pagarme? ¡Déme lo que quiera! ¡Dígame lo que ha hecho y lo que quiere hacer por escrito!”.
    Desde mi punto de vista un Lacan que olía el síntoma desde la entrada, por lo menos gran parte de su tiempo…

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