Y así me enamoró Hèléne…

Porque no toda ella, tan dividida y sin pretensiones, se deja escribir por lo femenino. Un vacío que no es todo ni es nada, que significa un incompleto, un hueco por el que se cuela una y otra vez lo imposible. Porque sabe de lo que no sabe que sabe, y se deja en ello los dedos. Una escritura que no es sin agujero, y no por ello se detiene ante el abismo de la hoja en blanco, qué va, con arrojo salta y se zambulle en la nada de la que habrá de hacer un algo, poca cosa con grandes afectos. Tira del lector hacia un flujo de letras que dicen más de lo que se lee a primera vista, y sin embargo no dicen nada atrapable. Nada que se pueda encerrar tras los barrotes de una celda significante universal, condenando a un sentido único, desmenuzable y clasificable el decir. Imposible. Es una escritura que con o sin Otro, no tiene una dirección a donde remitirse. Vaga más bien por las laderas de una piel cualquiera, siempre y cuando ésta sea permeable, curada de verdades y contrastables.

No habla una sola lengua porque no se hizo en una sola tierra, ni siquiera un solo continente. Se vertió entre paisajes, se quedó en ese entre pre-posición, lugar de la incomprensión por no ser una, toda, completa, por no pertenecer a una comunidad claramente discernible. Divida y repartida entre patrias de piel, lengua y tierra, de ahí nace su escritura, de un ahí ilocalizable pero reconocible. Escribe infinito, inabarcable, incluso mientras duerme pues sus sueños son una escritura igual. Se des(es)cribe mientras escribe, sobre una mesa donde dibuja con notas de papel de todos los tamaños y grosores. No escribe si no tiene al menos ocho horas por delante, se asegura el tiempo antes de ponerse a la labor porque sabe que ésta no es sin dedicación.

Me pierdo en sus palabras, con gozo, sin ambiciones de acotar y reducir el sentido, me dejo sobrepasar por él, que me toque las entrañas y conecte con eso que no entiendo bien de mí. Me dejo calar, y disfruto los efectos hasta que me baja lo leído y vuelvo a la realidad, pero ya no soy la misma. Se fue el efecto pero quedó el afecto. Me sé en su escritura, me supe incluso antes de leerla, por eso fue un acontecimiento afortunado este encuentro respecto del cual es difícil estar a la altura. Me acompaña inevitablemente ya y me rindo a su verbo.

 Y es así, y por esto, que me enamoró Hèléne Cixous[1].

 Escrito por : Marta García de Lucio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] Si deseas empezar a leer a Hèléne Cixous, los libros Deseo de escritura, de reverso ediciones y La llegada a la escritura, de amorrortu ediciones, son dos buenas opciones para ello.

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