Cuando el murmullo en vez de habitarnos retorna desde afuera. (V)

Nos hemos detenido primero en los detalles sobrecogedores del procedimiento lingüístico que opera en el hacer de un esquizofrénico, Louis Wolfson, a partir de los notables comentarios que inspiró. (No hubieran sido posibles sin la entusiasta acogida dispensada en la editorial Gallimard por Raymond Queneau y J.-B. Pontalis. Un libro reciente, Dossier Wolfson[1], recoge dicha peripecia). Pero antes de continuar con ello echemos una ojeada a la perspectiva general en la que insertamos toda la problemática: no hay pathos sin ethos.

No deja de ser sorprendente, y por ello actual, la lucidez de Louis Wolfson al señalar la insuficiencia de la medicina para tratar la locura. Habiendo experimentado en carne propia internamientos psiquiátricos, medicaciones varias y un importante número de sesiones de electroshock, nuestro (autodenominado) demente detecta como nadie tanto la impotencia del médico como su respuesta, una respuesta basada mayormente en prejuicios individuales, que obtiene para colmo el beneplácito de una sociedad que opta por quitarse de encima, bajo el aparente aval de los expertos, el siempre engorroso problema de la locura. Coincide en ello punto por punto con la opinión de José Mª Álvarez, psicoanalista lacaniano, autor de “La invención de las enfermedades mentales[2], donde denuncia como ideológico el calificativo de “enfermedad mental”, un argumento del que vuelve a ofrecernos unos imprescindibles desarrollos en sus “Estudios sobre la psicosis[3]. Álvarez emplea las mismas palabras que ya leemos en Wolfson: la enfermedad mental es una enfermedad “bien diferente de las otras, ¡en el caso de ser siquiera una enfermedad!”[4]. La problemática de las así llamadas enfermedades mentales, en opinión de Wolfson, concierne, en su mayor parte al menos, a la filosofía o a la sociología, o incluso a la religión o a la política, antes que a la medicina. Álvarez apunta a una causa sencilla para explicar la deriva psiquiátrica hacia la medicalización iniciada a mediados del siglo XIX: no querer escuchar al loco. Esta deriva extirpa el ethos del pathos, una relación que contaba con una riquísima tradición de pensamiento que se remonta a Grecia, en especial al desarrollo que hicieron los estoicos. El primer alienista, Pinel, la retoma insertándola en la época ilustrada, –volviéndonos más humanos en relación al loco, como dijo Lacan–, pero sus frutos no van a tardar en ser ahogados bajo el prestigio del “saber médico”. Y en esas estamos hoy, y más de lleno que nunca. Han sido pocos los que han sabido distanciarse de esta corriente dominante para volver a otorgar un estatuto de dignidad a la palabra del loco. El impulso a la escucha dado por Freud vuelve a situar el ethos en un lugar central. Llegarán después otros que señalarán con acierto los sistemas de poder que esconden ciertas ideologías. Recordamos aquí a aquellos pensadores que han sabido escuchar –al cuerdo que hay en el loco, al loco que hay en el cuerdo– para articular un pensamiento sobre lo real que a todos nos concierne. Foucault, Deleuze, Lacan. Ya en 1946 Lacan corrige al eminente psiquiatra Henry Ey que entendía la locura como un insulto a la libertad. “El ser del hombre, dice Lacan, no sólo no se lo puede comprender sin la locura, sino que ni aun sería el ser del hombre si no llevara en sí la locura como límite de su libertad”[5]. Un planteamiento radical que no se ampara en un saber sino que busca adentrarse sin prejuicios en el territorio ignoto, aquel donde es el loco el que enseña.

Por eso volvemos aquí a Wolfson. A su procedimiento lingüístico, aunque no llegue más que a protocolo, como apuntaba Deleuze. Seguiremos con él un poco más, volviendo otra vez al detalle, al mundo de los matices sonoros antes de utilizarlo para entender el éxito con mayúsculas del arte de Joyce.

Escrito por: Zacarías Marco

 

[1] V.V.A.A.: Dossier Wolfson, SIMONNET, T. (ed.), Gallimard, Paris, 2009.

[2] ÁLVAREZ, J. M.: La invención de las enfermedades mentales, Madrid, Dor, 1999.

[3] ÁLVAREZ, J. M.: Estudios sobre la psicosis, Xoroi, Colección Schreber, Vigo, 2013.

[4] Wolfson, L: Le schizo et les langues, Galimard, París, 1970, pp. 190-1.

[5] LACAN, J.: Escritos 1, Siglo XXI, México D. F., 2003, p. 166.

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