Lecturas del Cuerpo

Cuando el cuerpo habla siempre es enigmático, pero la lectura que hacemos a ese enigma otorga la luz a un tipo de desciframiento.

¿Cómo articular el desbarajuste pulsional del cuerpo?

Desde muchos lugares, sin embargo, Lacan nos entrega una noción que nos ayudará a ubicar ese desconcierto.

Fijemos un punto de partida: la demanda se articula entre la necesidad y el deseo. En el animal, el instinto le hace hallar los objetos que satisfacen su necesidad, hay una adecuación casi exacta entre uno y otros. Sabemos que en el ser hablante las cosas no son así. Es lo que lleva a Freud a hablar de pulsión en lugar de instinto. No hay objetos que se adecuen a la pulsión. Es el efecto de que el bebé humano no nace a un mundo “natural” sino a un mundo simbólico, de lenguaje.

Un ejemplo simple y conocido: el bebé llora, la madre dice “tiene hambre, tiene sueño, quiere que lo cojan, algo le duele…”. El niño sólo ha gritado: podemos decir ha llamado a Otro. La demanda, como vemos, nace en el campo del Otro siempre, en este caso es la madre quien dice lo que quiere. El campo del Otro es el campo del lenguaje, no puede ser de otra manera, el campo del Otro se conecta a través del lenguaje, allí donde el ser humano queda suspendido y sujetado desde su primera demanda. No lo es todo, pero estructura todo.

La necesidad del niño que grita sigue manteniendo su carácter de incógnita tras la respuesta de la madre, pero algo sabemos: nunca se corresponde exactamente con ésta. Esa diferencia, el resultado de esa operación de sustracción de la demanda sobre la necesidad es lo que llamamos deseo.

Desde ya, el deseo también es renuncia.

“… La satisfacción de la necesidad no aparece allí sino como el engaño contra el que se estrella la demanda de amor, enviando al sujeto al sueño donde habita el limbo del ser, dejándole en el hablar. Pero el niño no se duerme siempre así en el seno del ser, sobre todo si el Otro, que a su vez tiene sus ideas sobre sus necesidades, se entromete, y en lugar de lo que no tiene le atiborra con la papilla asfixiante de lo que tiene, es decir, confunde sus cuidados con el don de su amor. Es al niño que alimentan con más amor el que rechaza el alimento y juega con su rechazo como con un deseo (anorexia mental)”[1]

En el origen de toda demanda lo que aparece es la falta en ser y su correspondiente pasión.

Toda demanda, pues, es siempre y finalmente demanda de ser y demanda de amor.

Y el amor siempre exige amor.

La novedad del psicoanálisis consiste en proponer que la respuesta más adecuada al amor no es el amor, sino que mantener el lugar del enigma, el lugar del semblante del ágalma platónico, lo que permite al sujeto seguir interrogándose y relanzar su ser. Interrogarse sobre su ser lo llevará a la producción de un saber. Existe un vínculo entre el amor y el saber, saber de sí, saber del Otro.

Escrito por: Karin Cruz T.

[1] Lacan, “La dirección de la cura” Escritos 1

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