La paradoja del gran Chinaski

El gran Chinaski[1] vive su fetiche en el cuerpo, ¿dónde si no? su paradoja no se deshace pese a cada puñetazo que da y recibe, que recibe y da, siempre en el callejón, en la nuca del bar, en su nuca. A regañadientes, entre apuestas e insultos, en cada escupitajo de sangre, se cura  de cualquier halo de aburrida metafísica. Se pavonea de tener  huevos mientras consume los golpes que no necesita para seguir luchando. Carece del otro valor, del que tanto presume, para enfrentar sin puños a ese él mismo que le sirve desde  la barra.

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La ominosa posibilidad de tener agallas para no tenerlas, para insultar al otro, me recuerda un postulado de Freud: el pene de la madre, esa cosa que debería estar pero no está, es decir, que es en tanto ausencia[2]. Eso que el niño vio en sus inicios, los genitales femeninos, lo perturbaron y ocasionaron ciertos resguardos: es el fetiche, una de esas garantías, que hace que la madre tenga pene al mismo tiempo que no lo tiene, es un recurso “falible”.

El artículo sobre el Fetichismo, que Freud escribió en 1927[3], le hace un guiño a la paradoja de Schrondinger, esa divertida viñeta que funciona mientras no se  perturbe el preámbulo de lo posible; no saber es lo que hace del gato estar vivo al tiempo que está muerto. El fetiche está ahí, dando prueba con su existencia de una falta que al negarse aparece.

No es Chinaski un gato de Schrodinger, aunque tenga por veneno a una mujer, siempre detrás, siempre enfrente de él, pócima que desnuda para mantenerla vestida, que ama porque no sabe amarla. Es su paradoja, su fetiche, lo que mantiene a Chinaski deambulando en el delgado  cable de la neurosis que pende entre cantina y cantina.

Y cuando ese Otro, el cabrón  de la barra, lo despoja de su veneno, el cable de Henry se tambalea. El de la barra dice, simboliza todo lo que odia, la obviedad y el vigor de macho. Para evitar la vacilación, de la cuerda, de su mujer y de él, como en la caja de Schrodinger, las ondas musicales activan y desactivan simultáneamente el ritual del veneno que tensa de nuevo la cuerda sometida a la armonía.

Chinaski se niega a encajar golpes sin respuesta, escribe para nada y escribe Some people never go crazy  y se compadece, falsamente se compadece.

Escrito por: Jorge Antolin y Ricardo Hernández

Ilustrado por: Ricardo Hernández

[1] Schroeder, B.  [Director]. (1987). Barfly [Película]. Estados Unidos: The Cannon Group.

[2] Sigmund, F. : Fetichismo (1927).  Tomo XXI, Amorrotu Editores, Buenos Aires, 2006, p. 141.

[3] Ibid., p. 141.

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