Hasta las pelotas

Por Daniel Merro Johnston     

                                              Para Coco y su Audi nuevo.

_Se ríen de mí, Dani…protesta Coco, mientras me indica a la derecha por la M30 por donde suben miles de coches apretujados unos contra otros.

_Hablo yo, tú solo conduces y me escuchas, levanta la mano y me gruñe para que no lo joda.

En mi empresa les dan a sus técnicos un coche para moverse, el modelo que quieran y les pagan todos sus gastos. Mis compañeros gastan unos Audis que te pasas, el encargado de compras deslumbra con su BMW deportivo, con gafas de diseño espejadas haciendo juego.

Los compran por renting, pagan menos impuestos…..y  contaminan más.

Yo no quiero el coche y por eso se burlan…

¡Pero es que no lo necesito! Un Metro perfecto, trenes de cercanías, autobús, bicis eléctricas públicas y ahora coches híbridos de alquiler por minutos me llevan donde quiero en menos tiempo, son más baratos, no contaminan, no tengo stress, leo, ¿qué más?

Y si quiero ir al campo el fin de semana, me alquilo un camello de 8 plazas si  me da la gana, en un instante y con el teléfono.

Pero eso es una complicación para mí, y un problema para la empresa.

Siempre llego antes que los demás a las reuniones, soy muy puntual. Cuando ellos hablan de atascos, de dificultades de aparcar y de las obras en las calles para justificar su retraso yo me callo y comienzo a hablar de lo que venimos a hablar.

Pero en cuanto nuestros clientes lo descubren, mi peatonalidad les molesta, me pierden el respeto, ya no me valoran, no soy como ellos.

Las personas se presentan ante los demás exhibiendo sus posesiones materiales y los coches tienen esa capacidad de representar su posición, su clase, su poder. Hablan de sus dueños y éstos hablan de sus coches. Yo soy así, mire usted mi coche.

No es ni más ni menos que eso, un instrumento de aceptación social: si no tienes coche, mal, pero si puedes y no lo quieres tener, eres raro, ridículo y molesto. ¡Aléjate de aquí!

Lo dijo la Thatcher con su lógica neoliberal:cualquier mayor de 26 años que vaya en autobús se puede considerar un fracasado”

¡Estoy hasta las peloootaaas!… aúlla al cielo sacando la cabeza por la ventanilla para señalar el cartel en un puente que cruza sobre nosotros: “no digas que eres el mejor, demuéstralo. Hyundai  Tucson”

Al contrario, yo pienso que somos los peores pero no lo digo porque Coco ya lo sabe y no quiero torturarlo.

Está demostrado que en las grandes ciudades más del 25 % del suelo está dedicado a nuestros coches, aunque permanezcan inmóviles la mayor parte del tiempo.

Si sumamos la cantidad de horas que perdemos buscando aparcamiento, en los atascos y en el mantenimiento, nuestra velocidad promedio es 6 km/hora, mientras que la de un africano que solo se mueve a pie es de 8 km/hora.

Las montañas de dinero público que gastamos en construcción de avenidas, puentes y seguridad vial para el coche privado no dejan de aumentar mientras conseguimos más y más contaminación, pero “nada se compara con iniciar una nueva historia de éxito. Mercedes Benz clase C”

Vamos, pero… ¿hacia dónde? ¿Al futuro del pasado con pobres y ricos subidos a sus coches en capitales imposibles de empeorar o al presente del futuro con ricos y pobres moviéndose en transporte público en ciudades saludables y humanas?

En India desarrollaron el Nano, el coche más barato del mundo, pero fracasó lógicamente pues la gente que tiene poco quiere coches baratos pero no quiere coches que parezcan baratos. Está dispuesta a pagar más de lo que tiene pero por un vehículo con una imagen de coche caro.

Me señala ahora el carril izquierdo para bajarnos de la autopista, lo mismo que quieren hacer varios cientos, meterse en la vía de servicio.

_Hasta las pelotas, Dani… no tengo alternativas: o con él o sin mí, me visto con el traje que me indican o estoy fuera.

Cegado como un insecto por la luz, captado por sus colores, hipnotizado como una oveja por los brillos falsos de una arquitectura ilusoria, me siento entregando un ángel derrotado al altar del sacrificio cuando me detengo en la propia puerta del concesionario junto a un inmenso anuncio:  “Ha llegado el momento que sepas quien eres y de dónde vienes. Audi Q7”

Columna: Dérives

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