Jack Kerouac: Vanidad de Duluoz

Escrito por: Hugo Savino

La literatura es un oficio de locos vanidosos.

[Louis Ferdinand Céline, carta a Marie Canavaggia, jueves 4 de octubre de 1945]

 

Si uno no dice lo que quiere, ¿qué sentido tiene escribir?

Jack Kerouac, Vanidad de Duluoz

 

Todos los libros de Jack Kerouac son mensajes secretos dirigidos a una mujer. Esta novela está dirigida a una wify dear. No se puede contar. Solo situarla entre 1935 y 1946.    Una educación audaz. Un intento de rastrear el origen de su voz. Canuka, franco-canadiense, americana a partir de los seis años. La travesía de Jack Duluoz. El origen de su vanidad,  tramada hasta los bordes gastados de la tela. Es, entre muchos otros puntos de vista, la travesía de su fuerza para soportar, eludir, escapar de las garras de la estupidez y los celos que despertaban sus guiones largos, que son su ritmo. La travesía para no ser contemporáneo de nadie. Eso no se logra de un día para otro. No se declara. Se escribe. En un guión, o en una coma se juega un libro. Como le enseñó su maestro Céline : “La mínima coma me apasiona.” [Louis Ferdinand Céline, carta a Marie Canavaggia, Le Havre, 12 de abril de 1936]. Leer la Ilíada en tres días,  la Odisea en los tres días siguientes, como corresponde a un futuro escritor.  Y hacer su leyenda. Ir a zona mítica. Insistir con la palabra leyenda. Esto no es un ensayo. En 1967 escribe su Vanidad, y ya sabe que nadie ama sus guiones largos, así que hace como que usa “una puntuación normal para la nueva generación de analfabetos.” Los analfabetos son legión. La historia les resulta un confuso magma de capas de tiempo, en el mejor de los casos. Por eso prefieren el acontecimiento, como mazacote ideológico recontradicho, su celebración, a los detalles de la historia. Y la literatura, esa peste, cuando no se deja llevar la mano por “los gurús metafísicos y los profetas filósofos que están en el circuito de las conferencias.”, solo se ocupa de detalles, lirismo desenfrenado, épica, leyenda. El acontecimiento del filósofo a sueldo es puro recontraescrito. Kerouac es bíblico, soplos bíblicos, así que lee los acontecimientos como acontecimientos del alma, detalles líricos por acumulación y alteración. Jack Duluoz es un drogado del tiempo y de la lectura, así que se puede despertar y recitarse esta frase de Thomas Wolfe : “Descubrir por la mañana tierras desconocidas…”  Wolfe le “enseñó simplemente a ver América como un Poema y no como un lugar donde luchar y sudar la gota gorda.”

Novelas, poemas, escritos : un solo escribir. Solo exploración del poema. Vanidad de Duluoz explora la formación, siempre en curso, del escribir también siempre en curso. Educación aventurada siempre activa. Infinita. Leer a Jack Kerouac es leer sus lecturas, si no solo se leen   anécdotas. Es imposible eludir esa relación. Jack Kerouac, en Vanidad de Duluoz, escribe su vida en su lecturas, hace listas, que son brevísimas indicaciones para seguirlo en ese camino. Hasta perderse.

Escribir mal o escribir sintaxis enredada son algunos de los reproches dirigidos a Jack Kerouac. Es el reproche del decoro literario a la invención. La invención es una práctica del poema. Su vanidad muestra que una educación audaz   es atravesar lo escrito, leyéndolo y transformándolo, atravesar lo Melville “Busco esa cosa insondable” que Jack Duluoz cita en en el punto V del libro trece de Vanidad de Duluoz. No se trata de competir en el mercado contemporáneo de la gran novela americana, se trata de escribir un “Poema” de la comedia humana. No una narración. Cada libro de esta Vanidad es una marca de su situarse en el lenguaje.

“El que llega a la cima es tu igual, Homero.” Víctor Hugo en William Shakespeare.

Rehacerse el francés en la lectura y en la escritura secreta en francés, resonancias : “Ayudar al doctor Philippe Claire, paralítico o hemiplégico, a atravesar el campus, después de haber intentado hacer los crucigramas que escribe para el Journal-American de Nueva York, me quiere mucho porque soy francés.”

También, la Vanidad de Duluoz es el libro de la exploración del origen de todo funcionamiento : “y de repente se me empezó a ocurrir que un día me convertiría realmente en un escritor serio que no perdería el tiempo con la poesía o la forma o el estilo.” Y una manera de comprobar que se quedó solo, que no se subió al tren de la impostura, de la mentira narración. Y eso solo se puede saber escribiendo la vanidad propia. El crítico de New York Review of Books, ¿manco de la lectura?, se lo tomó al pie de la letra, no conocía la frase de Proust, que Jack Kerouac llevaba en el bolsillo : “Los deslizamientos de terreno tardan generaciones en desencadenarse, trato de acelerar el movimiento.” Gerald Nicosia lo escucha bien : “Se escribe porque América ha cambiado, `todos han empezado a mentir´ y el narrador, mirando a Céline, se siente obligado a responder: `Recuerdo muy bien muchas cosas…´ Vanidad de Duluoz no es autobiografía.”

“Sus celosos amigos de ese entonces, sus lectores distraídos más tarde, sus alelados cinéfilos de hoy lo creían en el camino. Esta propuesta barroca, irregular, requiere de ahora en más toda nuestra atención:” Pierre Guglielmina.

Toda la obra de Jack Kerouac cambió de orientación. Ahora quedó definitivamente en manos de sus lectores. Es una obra liberada. Y el lector puede saltearse los filtros. Salir de la ideología de la literatura. Con Jack Duluoz escribiendo la travesía. Ese es el camino de Jack Kerouac, el que cuenta Jack Duluoz. El cambio está en que ahora se percibe la continuidad de la obra, y esa continuidad es más intensa que todos los intentos más o menos variables de reducirla a beat, a viaje, a camino, y a otras identificaciones. La obra supera al género. Kerouac no escribió novelas, y diarios, y ensayos y poemas. Escribió, alternando, todo eso junto. Escribió una inadecuación perfecta. La ideología solo puede rechazarlo. Kerouac no entra en sus mandatos. Como lo muestra en Vanidad de Duluoz, hereda una tradición, la lee, la estudia, la devora, y la destruye y la transforma y la recrea en su leyenda. Lee y escribe al mismo tiempo. Libreta en el bolsillo. Jack Kerouac destruye lo recontraescrito. Escribe la visión. Sucesivas visiones que se continúan de libro en libro. Con el oído. Además, Kerouac siempre sabe a quién dirigirse, como lo muestra el arranque de Vanidad de Duluoz.

Jack Duluoz cuenta sus renovaciones sucesivas. Su  poética es una renovación que no acaba nunca. Joyce Johnson lo mostró muy bien, hay que machacar esta cita contra los que siguen diciendo que Kerouac es un beat : “Pasó los pocos días que siguieron consumiendo libro tras libro que podían llegar a alimentar su escritura. Leyó los sermones de John Donne y La montaña de los siete círculos de Thomas Merton y repasó el Ulises. Releyó los discursos de Ahab en Moby Dick, y Muerte a Crédito de Céline. Después de estudiar Hamlet línea por línea, empezó a pensar en Red Moultrie (y posiblemente en él mismo) como un “tipo que viaja a dedo, un pobre, místico Hamlet.” (Joyce Johnson, La voz es todo).

Vanidad de Duluoz está escrito en “la noche del Viernes Santo y voy a escribir lo que quiera.” Con incrustaciones canukas  : “mon maudit crève faim. (El final de la frase en canadiense francés, y significa, más o menos, `maldito muerto de hambre´).”

Entonces, un muerto de hambre escribirá libros no autorizados. Leerá Victor Hugo y leerá Céline. Tratará de usar puntuación para iletrados, pero no seguirá un orden, no la hará larga y retórica. El prestigioso materialismo dialéctico no entra en su ritmo. Así que un tipo llamado Jack Duluoz le escribe una leyenda a un tipo llamando Jack Kerouac, que está sentado en la otra punta de la mesa. Para darle existencia y para que pueda cobrar algunos cheques por mes.

Escribió penas y alegrías sin refugio. Vanidad de Duluoz cuenta esa trama de sueños que engendró toda la visión. La de cada libro. La composición Kerouac. Y Duluoz en su vanidad compone la visión del paisaje, su pintor es Cézanne, tenerlo en cuenta, y le pone (a ese paisaje) un lugar de nacimiento, podríamos decir con el otro: una zona mítica: la infancia canuka, el inglés que recién empieza a hablar  a los seis años, el fútbol americano, el sueño de la universidad y de la erudición, el marino que llega hasta Liverpool, el escritor y todo lo que leyó. Toda la visión Kerouac contada y compuesta en  esta Vanidad.

El sueño, o la creación de una leyenda : “una tarea secreta y solitaria, pero esencial”.

En algún lugar hay una vieja escena. Que pone todo en marcha. Evocación de los tipos que jugaban al billar, el tipo de 1935, que bajaba por una calle con los manos en los bolsillos de su abrigo, a pie. Soñaba con una tacada. Con su novia. Todavía el coche no lo había convertido en ese matón vanidoso y estragado. El libro arranca en el momento  en que ese tipo, ya desaparecido, camina por una calle. Ahora, con orgullo idiota, va en coche. ¿Un haragán “sin destino concreto?

En otra escena nace el lector, en la Biblioteca de Lowell. Ambiciones de erudito. Leía y se decía, en un murmullo, que leía. Jack Duluoz siempre se habló a sí mismo. Se habló al oído, se susurró todas las frases que nacían de sus palabras. Un libro y otro libro de otro libro. Resonancias contra la precariedad de la cultura, infinitamente.

Escribo un Kerouac, en el sentido que digo, miro un Lacámera.

Jack Duluoz : “volveré a todo esto más tarde cuando me ponga a contar la historia de la vanidad que resultó del fútbol americano y de los estudios universitarios que me llevaron a la escritura y al pensamiento, querida mía.”  Cada vanidad relanza la leyenda hacia el Poema. La pregunta por el nacimiento es la pregunta sobre cómo escribir cada vez. Sobre su situación en el lenguaje. Uno nace en un lugar y un escribir te devuelve en forma de leyenda, nunca más estás allí, escribir para reinventar un origen que no existe. “¿Llegué a este mundo desde el vientre de mi madre la tierra solo para poder hablar y escribir como todos los demás?”

Una iniciación. Cada uno la suya. La condición de la leyenda Por ejemplo, en algún momento, “leer la vida de Jack London.” O la de Jack Kerouac a través de varias biografías imposibles. Y cada tanto, en el cantilar,  la wify dear. Destinataria. Duluoz deja claro que no se puede leer a Kerouac solo por su temas. No se lo puede reducir a su momento histórico. Esa pedagogía de la literatura. Kerouac es una practica del lenguaje. No es una eficiencia narrativa. Su declaración de nacimiento canuko es su manera de desarmar las reumáticas estructuras ceros de la lectura escolar. Vanidad de Duluoz no es literatura sobre sentimientos, es un poema sobre cosas vividas y vistas,  y sus preguntas Una educación que lleva a la guerra del poema. Porque también es una educación que prepara todo lo que rechaza. Y todo se anota en el cuaderno de notas, en la libreta en el bolsillo, ahí se escribe su relación con el lenguaje. Vanidad de Duluoz es también una educación sobre la contemplación y la acción. Se impone la necesidad de escribir.

Está siempre flotando, en todos los libros, esa idea de que lo vean como un chico francés, un francesito medio chiflado de Massachusetts, con poco talento para el fútbol – y su extensión, la literatura : “confesión por confesión, soy un canuko, no pude hablar inglés hasta los 5 o 6 años, a los 16 hablaba con un acento vacilante y en la escuela era un niño grande y melancólico aunque más tarde me puse a jugar al basket en el equipo universitario y de no haber sido por eso nadie se hubiese dado cuenta de que podía de alguna manera salir adelante para hacer frente al mundo (falta de fe en mí mismo) y me habrían encerrado en un manicomio por alguna especie de inadecuación.” [Los subterráneos]

Todo el ciclo de la educación Duluoz está compuesto desde un presente, y también puede leerse como la conquista de una voz. Un canuko que no se deja colonizar por el universitario. Queda claro, Jack Duluoz no escribe ninguna “mentira firmada Harvard.”. No relata, escribe recitativo.   Molesta porque es más que una ficción, es una vanidad de secuencias que llevan a una visión, las visiones que escribió.

“Corregir y releer este nuevo libro me permite ver que estoy en el camino correcto con la Leyenda de Duluoz – solo que me habría gustado, Oh suspiro ahora, poder utilizar los mismos nombres para En el camino, Subterráneos, Vagabundos… cosa que haré por cierto cuando alguien consienta en publicar mis obras completas… ¡será un estante muy loco! […] Pero estoy en el camino correcto. Vanidad de Duluoz es el próximo, voy a escribirlo en París y lo empezaré en un mes o dos, los acontecimientos de 16 a 27 años, para terminar con todos los acontecimientos que tienen una cierta importancia en la “Vida” hasta e incluso los de Big Sur… –  Es preciso que continúe ocupándome de mi Leyenda o que me muera de aburrimiento y de negligencia de mi corazón naturalmente bilioso –” [Jack Kerouac, carta a Philip Whalen, 10 de enero de 1965.]

“Solo espera a ver Vanidad de Duluoz, oh oh. La parte consagrada a los partidos de fútbol se leen como un buen tratado de guerra. La parte donde Lou lee a Dosty. Las partes sobre el mar son verdaderamente saladas y Melville estaría orgulloso de mí. Virginia Kirkus ya dijo acerca de todo el libro que se trataba de un “débil eco” de algo de “estilo beat” y me hizo desear que ella hubiera estado conmigo en el SS Dorchester en medio de las olas de los submarinos donde no habría podido valerse de la inferioridad femenina para reprender a los marinos en tiempos de guerra, a los jodidos futbolistas, a los presos y a todo la sangre del poeta…” [Jack Kerouac, carta a John Clellon Holmes, 13 de diciembre de 1967.]

Vanidad de Duluoz se publicó en 1968, en la editorial Coward-McCann. Y, como con casi todos los libros de Kerouac, la crítica fue negativa.

Todas las Virginias  de la crítica literaria (sean hombre o mujer) que leen libros profesionalmente entran en pánico cuando pierden el control. No soportan los mundos alucinados. De leyenda.

El punto de vista sobre Jack Kerouac, sobre sus libros,  estuvo expresado, dicho y medio dicho, murmurado en cantilena, durante mucho tiempo, en términos de movimiento artístico, de vanguardias, de movimiento beat,  o hippie, un catálogo de etiquetas. De clisés. No hay mucho que agregar sobre esta retórica. Hasta que aparecieron otras voces, la obra estuvo pegada a movimiento beat, y condenada al mismo tiempo porque Kerouac no asumió su papel de Rey. Desacató. No acompañó. No hizo ruptura. Le gustaba el jazz. Hizo más. Destruyó los clisés temáticos con los que escribían sus contemporáneos. No hizo tema. Lo destruyo porque nunca tuvo el arte, solo tuvo la materia, y avanzó en esa tierra desconocida. Vanidad de Duluoz es la materia de su historia. Y una sugerencia de lectura. Kerouac en cada libro le suelta la soga al lector. Lo deja libre. Lo invita a la leyenda. Leerlo en términos de movimiento artístico impedía verlo. El academicismo,  camaleón como es, nunca pudo decir nada de la poética. Solo generalidades. Para el academicismo Kerouac rechaza a Marx porque es un reaccionario. Jack Duluoz lo pone blanco sobre negro, con Marx no se puede escribir. Marx solo le muestra la crisis, poco para Kerouac, muy general, con el concepto de crisis solo se inventan dirigentes, los “Jerry Rubin, Mitchell Goodman, Abbie Hoffman, Allen Ginsberg y otros calurosos seres humanos de los ghettos que dicen haber  sufrido tanto como los portorriqueños en sus barrios y los negros en sus grandes y pequeños Harlems.” Vanidad de Duluoz es una declaración de guerra. Y un tratado de guerra. Y un tratado de lectura. Que traza el camino hacia la leyenda. En 1968 todavía falta mucho para ese estante, para que se ponga toda la obra Kerouac al lado de la Comedia Humana. Una ambición francesa del canuko Jack Duluoz, que escribe  su reverso de la historia contemporánea.

La vieja practica de borrar nombres, ley del silencio o sofocación : “El New York Times,  en particular, demolió cualquier interés que un editor pudiese tener en una novela de Kerouac. Su nombre estaba muerto en los círculos de la industria editorial, porque lo consideraban un escritor impublicable, no por su prosa experimental sino porque se lo veía como a un escritor agotado e incapaz de escribir algo de calidad. [Paul Maher Jr. Kerouac.]

The New York York Review of Books, la revista del escritor triunfante, del escritor con un gran sentido de la conveniencia, de la respetabilidad, al que hay que preservar como al burgués de Osip Mandelstam, cuidarlo en todo lo que tiene de inocente, de narrativo, “ofrecerle espectáculos”, tribunas de aficionados, “acunarlo”,  darle esas revistas con las que todas las madres sueñan para ese hijo escritor o poeta, también le pega un zarpazo : “Si Vanity of Duluoz  de Jack Kerouac y The Answer de Jeremy Larner aparecieran juntas bajo una misma cubierta configurarían una saga sobre el poder regenerativo de cada generación para considerarse única y escribir sobre esto con una ineptitud y una banalidad imposibles de distinguir de las de sus predecesores..” [Paul Maher Jr., Kerouac.] En los 60 empieza la invasión de las novelas que se cuentan por teléfono, o la variante experiencia dirigida al descontruccionista en cierne.

Vanidad de Duluoz ilumina toda la obra de Jack Kerouac, se puede leer desde aquí para comprobar que su soledad es un catecismo de su radicalidad en el lenguaje, nunca hizo literatura edificante, tampoco política, porque tenía una poética. Cuando habla de su moralidad artística, habla de su ética. O sea, del poema. Su radicalidad es máxima. Nunca cederá el poema a la propaganda. Jack Kerouac se decía católico, escribió Some of the Dharma, y una vida de Buda, pero eran obras de literatura, poemas, no eran textos de uso religioso. Nunca deliró con fundar una religión. No adhirió al caycismo de Neal y Carolyn Cassady. Tampoco escribió   manuales flowers.

“La Leyenda de Duluoz, en la que piensa desde 1943, pero que verdaderamente empieza a tomar forma a partir de 1952.” Pierre Guglielmina

“El nombre Duluoz fue un afrancesamiento que hizo Jack de  Daoulas, un apellido que encontró en el Lowell Sun.  Que pertenecía a una gran y prominente familia griega, pero con sus tres sílabas y su sonido dominante oo, sonaba en el oído de Jack como el Kerouac bretón y por lo tanto se convirtió en el apellido para su alter ego en la ficción.” [Joyce Johnson, La voz es todo.]

El capítulo V del libro XIII es una leyenda de la poética de Jack Kerouac. Llega al campus, ocupa una habitación, “ordené mis cuadernos de notas y me embarqué en mi carrera de escritor.” Se llena de libros. Cuaderno de notas y libros. Kerouac siempre habla de sus cuadernos, de su máquina de escribir. Rimbaud, Yeats, Nietzsche, Maldoror y la escritura en ese entonces de lo que considera tonterías, grande imbecilidades del tipo : “El embarazo creativo justifica todas mis acciones salvo el crimen.” Más interesante : “Vivía en una soledad absoluta, mi mujer y mi familia creían que estaba en el mar.” O, casi tan bueno :  “el neo-dogmatismo a la Claudel”, o “El liberalismo político en las angustias críticas de la adolescencia (posmarxista, presocialista). La sangrienta Europa moderna. El materialismo eligió el garrote.”, o “Stephen Dedalus, nuevo Esquilo (Bous Stephanoumenos) y hasta el universal Earwicker.”  Ya está en el camino.

Un escritor no es un producto : “La moralidad artística, esa era la cuestión, porque se me ocurrió la idea  de quemar la mayor parte de lo que escribía a fin de que mi arte no pareciera (ni para mí ni para los demás) algo hecho por  motivos ulteriores, o prácticos, sino una simple función, un deber de todos los días, un “amontonamiento”escatológico, a fin de purgarme. Así que quemaba lo que escribía con la llama de una vela, y miraba cómo el papel se hacía un bollo y se retorcía, y sonreía como un loco. Los escritores nacen así, supongo. Una idea santa, como la llamé “definitiva autoextremidad”, o DA.”  Los libros de Kerouac son libros contra la fusión, la vida humana prevalece, el detalle contra  la idea sagrada, hacia la idea santa. Nunca en Jack Kerouac una sacralización de la lengua, siempre una escucha. No tiene el  poema escrito, lo va escuchando en lo que escribe.

“EN MI VIDA DE ESCRITURA : “¿La leyenda de Duluoz es una repetición en muchas palabras de temas y de detalles de una perfecta evidencia? ¿O bien es la gran enseñanza de la piedad, por la vía del estudio de la prosa, de los acontecimientos en su luz dharmakaya en la única historia que puedo llegar a conocer completamente?- – -”.

Vanidad de Duluoz expone la materia de toda La Leyenda de Duluoz. Es el libro de una educación. Toda leyenda tiene su zona mítica, y un machacar en los detalles infinitos de cada acontecimiento. Y una manera de aclararse y aclararnos por la escritura : “Todo escrito que no es una manera de aclararse a sí mismo se pudrirá como un cuerpo.” Vanidad de Duluoz muestra cómo Jack Duluoz escucha lo que la época no escucha, la época solo tiene sus clisés y su socio : la interpretación. Todos sus libros dicen que su obra, su manera de escribir, de leer, siguen estando en el presente. No son de época. Jack Kerouac no reanuda lo que leyó, lo transforma. Por el estudio de su vanidad con “el ritmo de la urgencia”.

Hugo Savino: Furgón de cola

1 comentario en “Jack Kerouac: Vanidad de Duluoz

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