La Bastarda, Violette Leduc (fragmento)

Traduccion: Magdalena Aguado Sánchez

Mi caso no es único: tengo miedo de morir y lamento estar en el mundo. No he trabajado, no he estudiado. He llorado, he gritado. Las lágrimas y los gritos me han tomado mucho tiempo. La tortura del tiempo perdido desde que pienso en ello. No puedo pensar durante mucho tiempo, pero en cambio, puedo complacerme con una hoja de lechuga marchita con la que no tengo más que remordimientos al masticar. El pasado no alimenta. Me iré como llegué. Intacta, cargada de mis defectos que me han torturado. Hubiera querido nacer estatua, soy una babosa bajo mi estiércol. Las virtudes, las cualidades, el coraje, la meditación, la cultura. De brazos cruzados, me rompí ante esas palabras.

Lector, lector mío, escribí afuera, sobre la misma piedra que hace un año. Mi papel cuadriculado no ha cambiado, la línea de los viñedos es igual bajo la cabalgada de las colinas. En la tercera fila se mantiene aún la bruma del calor. Mis colinas se bañan en su aureola de dulzura. ¿He marchado, he vuelto? Vivir no sería, entonces, más que morir sin tregua con los segundos de mi reloj de pulsera. Sin embargo mi partida de nacimiento me fascina. O me aburre. La releo de principio a fin cada vez que lo necesito y vuelvo a encontrarme en la larga galería donde se escucha el ruido de las tijeras de la matrona. Escucho, tiemblo. Se terminan los vasos comunicantes que teníamos mientras ella me llevaba. Heme aquí naciendo, en un registro del Ayuntamiento, en la punta de la pluma de un empleado. Sin suciedad, sin placenta: solo escritura en un registro. ¿Quién es Violette Leduc? La bisabuela de su bisabuela después de todo. Releámoslo, releámoslo. ¿Es eso un nacimiento? Una bola de naftalina con su olor a mal humor. Hay mujeres que hacen trampa, mujeres que sufren. Son las que gustan: borran su edad. Pregoneo mi edad puesto que yo no gustaba, porque siempre tendré el pelo de niña. Me ha llevado dos horas y media escribir esto, dos páginas y media de mi cuaderno cuadriculado. Avanzaré, no me desanimaré.

La mañana siguiente, a las 8 de la mañana del 24 de junio de 1962. He cambiado de lugar, escribo en el bosque a causa del calor. Comencé mi jornada recogiendo un ramo de guisantes de aroma salvaje, recogiendo una pluma de pájaro. Y me quejo de estar en el mundo, en un mundo de gorgoritos y jilgueros. Los castaños son delgados, su tronco es indolente. La luz, mi luz domada por el follaje. Es nuevo y es la novedad de mi jornada.

Columna Otros Ritmos/Traducción

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s