Prólogo de Sergio Larriera para el libro “A Seis manos”

Prólogo al libro “A Seis manos”, de Martín Micharvegas, Carlos Sánchez y Gabriel Impaglione

Escrito por: Sergio Larriera

Como a Juan Dahlmann aquel trágico cuchillo, Martín Micharvegas me puso en las manos estos ríos, estas cataratas de palabras en dos lenguas. Afronto el desafío.

“sutiles correspondencias que enlazan y traban los seres y las cosas” (Juan Filloy)

Asómome al entrevero lingüal entrestostres en estado de vértigo. Ríos de palabras. James Joyce susurra: “Beside the rivering waters of, hitherandthithering waters of. Night!” (“Junto a las fluviantes aguas del, las acayacullantes aguas del. ¡Noche!”)[1].

Cataratas de palabras. Como un cata ratas, corroído por los roedores del verbo, salto de un lado para otro, de un poema a otro, de una lengua a otra lengua, de una lalengüa a otra. Escribiendo en dos lenguas, entre dos lenguas, estostres, cada uno en su lalengüa, me zarandean, me resuenan. Estostresbarrabases, en fin, me poetan, empujándome a la cámara de ecos donde mi lalengüa gana la partida, donde mi gozo lingüal se paroxisma.

Díscola y traviesa, malalengüa, lalengüa desbarra y barrabasea. La lengua, en cambio, vigila y comunica. Trata de evitar malentendidos, malengüados. La lengua porta una barra encima (la lengua, barrada) con la que lucha contra las barrabasadas de lalengüa, una barra con la que intenta erigir la barrera que la separa del goce lingüal. Pero cuando se suelta o tropieza, cae en boca de lalengüa.

Tres parléseres en el parléter, tres que serdicen… Los parléseres habitan las lenguas, cualesquiera sean, por derecho propio, humano. De los derechos humanos, el más inalienable, aunque el más alienado -por lo alienante- es el de abandonarse a la palabra con la esperanza de, algún día, disponer de ella, aunque ese anhelado destino no pueda ser una suerte más que parcial.

Hay quienes, aún disponiendo parcialmente de la palabra, puesto que no se puede disponer de todas las palabras, la retuercen y la estrujan con predilección. Dotados para ello por los dioses, habitan el parléter, el éter de los seres parlantes. Son parléseres que en esa esfera celeste se mueven en lo propio. No todos podemos escuchar lo que escuchan los poetas en la lengua. Pero a todos nos asiste el derecho de escapar a las rígidas costumbres del lenguaje.

En estos poemas, hay amplios sectores de poesía, hay relámpagos, hay conmociones lingüales, y también hay parlamientos (como a ellos les gusta decir). Sólo el poeta, a través de la maleza parlamientaria, es capaz de guiarnos hasta allí donde las palabras se desmayan, perdiendo el sentido, para resonar unas en otras, decidiendo cuánto mide un verso, imponiendo ritmos y sones, que aún desde las sombras y no dependiendo de la intervención de quien escribe, proponen una separación visible, un cambio de verso, hasta una métrica secreta. Asimismo, sólo el poeta es capaz de revelarnos, en la plenitud de sentido de una frase lisa y llana, eso real a lo que apunta al transmitirnos su epifanía.

Efecto de una lectura, escribo lo que irá antes de los poemas que lo suscitaron. Apuñalado, exhibo las íntimas heridas. Merced a la palabra de los poetas encontré el antes de mi palabra, mi prólogo, mi propio logos, letras que se inscribieron en mi cuerpo antes de encadenar los primeros fonemas. Me dejo hablar por eso que habla en mí desde mucho antes de esa lectura, más aún, desde mucho antes de cualquier palabra pero que sólo ahora puedo escuchar. Y desde allí, sólo desde allí, desde ese abismo oscuro y silencioso, desde ese lodo originario transformado por obra de esta poesía, puedo asumir el secreto designio de articular algunas palabras escritas, meros reflejos de los fragmentos conmovidos de mi cuerpo. Ahora sí, si ellos las aceptan, serán el Prólogo de este Triádico Poemario, Comunlugar.

Son tres voces cargadas de ira. Ni el más lírico de sus momentos logra disimular aquello que las agita. Una furia, contenida a veces, otras libremente expresada, atraviesa y sostiene a este libro de poemas. La furia de los poetas.

Una bronca que convoca: “soplemos en multitud ahora que todo gira como loco hacia la derecha” (Martín Micharvegas)

Una ironía que hiere como cuando tras enumerar males y desgracias del catastrófico comienzo del siglo XXI, termina: “no sé si mencionar que en Marte a lo mejor hay agua”. (Carlos Sánchez)

Un odio que apostrofa al gran gusano que murió “ahogado en su propia baba de bilis antropófaga”. (Gabriel Impaglione)

Pero no es ese el lugar común a los tres. El Comunlugar al que nos llevan, obligándonos a descubrirlo en nosotros mismos, es el de lalengüa, esa lalengüa que nos hace absolutamente singulares y que, sin embargo, es el verdadero motor común desde el cual inventar una experiencia en comunidad, ese lugar común desde donde es posible, concebir lo solidario, lo comunitario, la soledad compartida.

Columna: Otros Ritmos/Otros autores

[1] Así traduzco estas célebres palabras de Finnegans Wake (Anna Livia Plurabelle), pero adopto la excepcional propuesta de Eduardo Lago: of = del, en lugar de acogerme al tradicional of = de.

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