El pincel y la tinta

Escrito por: Henri Meschonnic

Traducido por: Hugo Savino

       Oficio perdido, oficio nuevo – la controversia que Pierre Soulages mantuvo con Lévi-Strauss es sin duda tan  antigua como la pintura : lo terminado de la perfección es una idea infinita.  Algo que los partidarios de lo terminado no entienden. La idea terminada de lo terminado tiene por corolario, aparentemente, la representación lineal del arte como una serie de movimientos. Extraña contradicción que detiene el arte en el momento mismo en que ella piensa tener una concepción dinámica del arte.

       Para aquellos que extrañan los tiempos de los –ismos, Apollinaire responde por anticipado que todas estas denominaciones – colectivas – «ya no significan nada. Solo hay pintores modernos que, después de haber liberado su arte, se crean un oficio también nuevo para realizar obras tan nuevas materialmente como la estética según la cual han sido concebidas[1]». Su sentido de lo infinito de lo terminado atravesaba todos los límites – Apollinaire agregaba : «No hay actualmente dibujo, pintura al aceite, acuarela, etc., está la pintura, y las enseñas luminosas ya no forman parte de ella, sin ninguna duda como la mayor parte de los cuadros expuestos en la Nacional.» La herramienta cierra y abre los posibles. Soulages inventó herramientas, sus herramientas.

       Es notable que la preocupación por el oficio sea desde hace mucho tiempo lo propio de los partidarios del academicismo. De la mala pintura bien pintada. Admirada por Lévi-Strauss. Baudelaire, desde el Salón de 1845 hacía notar : «Esta preocupación excesiva por el oficio absorbe hoy tanto a nuestros escultores como a nuestros pintores[2] .» A oficio le oponía ciencia, la «ciencia incomparable» del color en Delacroix, la «ciencia de la armonía» (ibid). De ahí el bien pintar, peyorativo. Fácil. Como la imagen bella, en el cine, hoy : «Por lo demás, comprobamos que todos pintan cada vez mejor, algo que nos parece lamentable», en la parte final del Salón de 1845. Son los «semi-entendidos» los que se enfurecen contra Corot, y que «encuentran que sus cuadros fallan en la ejecución y se ponen de acuerdo en esto, que definitivamente el Sr. Corot no sabe pintar».

       Baudelaire opone hecho a terminado :  «¡Buena gente! que ignora en primer lugar que una obra de genio – o si se quiere – una obra de alma – donde todo se ve bien, se observa bien, se entiende bien, se imagina bien – está siempre muy bien ejecutada, cuando es suficientemente una obra. Luego – que hay una gran diferencia entre un fragmento hecho y un fragmento terminado – que en general lo que está hecho no está terminado, y que una cosa muy terminada puede no estar hecha en absoluto» (ibid.) – «de donde se concluye que el Sr. Corot pinta como los grandes maestros». Lo terminado,  del lado de los cuadros «industriosamente barnizados». Y se opone a completo : Delacroix es «uno de los especímenes más completos de lo que el genio puede en la pintura».

       Hacer, contrario a terminar.  ¿Cómo se sabe que un cuadro está hecho?

       Braque, que no jugaba como Baudelaire con la palabra  terminar decía : «El cuadro está terminado cuando ha borrado la idea[3].» Simple comprobación de realización. La pregunta solo es postergada. Soulages también, es verdad estaba en el proceso de Clarté, ironizaba acerca de esta idea de terminar, cuando respondía que se hablaba «de un cuadro que se debe llenar de realidad como se llena una jarra de agua». Justamente, hay algo de ingenuo en lo terminado. Lo que intentaba hacer ese fracasado del academicismo que era el aduanero Rousseau : «El Aduanero iba hasta el fin de sus cuadros, cosa muy rara hoy[4].» Donde aparece una oposición paradójica, que Baudelaire desarrolla en el Salón de 1859 : «Un buen pintor puede no ser un gran pintor. Pero una gran pintor es forzosamente un buen pintor, porque la imaginación universal contiene la inteligencia de todos los medios y el deseo de adquirirlos[5].» Se trata siempre, del enrasado, de la oposición entre el artesanado y la invención.

       Fautrier lleva la paradoja al extremo, y hace del  virtuosismo un criterio negativo. En primer lugar el virtuosismo «no es necesario», y «a menudo es peligroso». El virtuosismo acaba cuando «se convierte en don». Hace una «pintura sin riesgo». La distribución lo conduce a cuatro categorías : «¡Vlaminck es un mal pintor que pinta muy bien, Cézanne un pintor muy grande que pinta mal, Manet un pintor muy grande que pinta bien!» La inversión de los términos que Baudelaire practicaba. La cuarta categoría es la única que, según Fautrier, el público es capaz de ver : ¡la mala pintura mal pintada[6]!

       Conflicto entre el control de la técnica, y el desbordamiento por medio de lo desconocido. Es por eso que todo lo que está del lado de la técnica, del saber que se domina y que sabe lo que hace está condenado al academicismo, a un seguidismo aplicado. En voz baja, los buenos alumnos. Pero no se trata de una condena de la técnica por sí misma. El control es ambivalente. Delacroix escribe : «La buena o más bien la verdadera ejecución es aquella que por medio de la práctica, en apariencia material, agrega al pensamiento, sin la cual el pensamiento no se completa ; así son los bellos versos. Se pueden expresar de manera chata bellas ideas. La ejecución de Davis es fría ; podría enfriar ideas más elevadas y más animadas que las suyas. La ejecución, al contrario, pone de relieve la idea en lo que ella tiene de común o de débil[7].» Generalmente, la ejecución, la técnica caen del lado equivocado, en la oposición, que se ha desarrollado a partir del simbolismo, entre la tradición y la invención : «El pintor que ha encontrado su técnica no me interesa«, decía Odilon Redon[8]. Pintores malditos, poetas malditos – era la consecuencia, antes de que la modernidad se convierta en un mercado. Estuvieron – pero siempre estuvieron – «los héroes de la pintura[9].» Merleau-Ponty cuenta[10] que Cézanne decía, un mes antes de su muerte : «Me parece que hago lentos progresos.»

       Así como la perfección del lenguaje no es, contrariamente al deseo de teólogos que fingen ignorarlo, la desaparición del lenguaje, sino que es llegar a hacer que hable el silencio cada vez de una manera distinta, la perfección de la pintura no es hacer que desparezcan las cosas para  que quede únicamente la pura materia del ver, sino que es la invención del modo mismo de pintar que vuelve a empezar cada vez.

       Lo que los antiguos pintores de China llamaban el pincel y la tinta. Según Lao-Tsé (Lao Zi) : «Tener la tinta es fácil, pero tener el pincel es difícil ; tener el pincel y la tinta es aún más fácil, pero, lo que es difícil, es no tener huellas ni del pincel ni de la tinta[11]

       La poesía más emocionante es tal vez aquella que se  forma  al ras de la prosa. Sale de la prosa del mundo. Es su propia prosa. Naciente. La pintura abandona lo que domina, Solo está hecha, de comienzos.

[1] Guillaume Apollinare, «Écoles» (1914), Œuvres en prose complètes, t. II, p. 772.

[2] Charles Baudelaire, Salon de 1845.

[3] Georges Baque, Le Jour et la Nuit : Cahiers 1917-1952, Gallimard, 1952, p. 27.

[4] Guillaume Apollinaire, Œuvres en prose complètes, t. II, p. 638. En 1914.

[5] Charles Baudelaire, Salón de 1859.

[6]  Jean Fautrier, Sur la virtuosité (Sobre el virtuosismo), carta a Jean Paulhan, ed. L´Échoppe, 1987.

[7] Eugène Delacroix, Journal (Diario), 25 de enero de 1857.

[8] Citado por Etienne Gilson, Peinture et réalité (Pintura y realidad).

[9] Frase de André Lhote, en La Peinture, le Cɶur et l´Esprit (La Pintura, el Corazón y el Espíritu), Denoël-Steel, 1933, p. 307 ; citada por  Etienne Gilson, Peinture et réalité (Pintura y realidad).

[10] En Sens y non-sens, Nagel, 1966.

[11]  Shitao, Propos sur la peinture de moine Citrouille-amère.

 

*Se ha traducido para Otros Ritmos:Traducción un pequeño fragmento de la entrevista realizada a Pierre Soulage el 4 de septiembre de 1989, con el título Pierre Soulages (Fragmento de entrevista), así como una carta de Pierre Soulages dirigida a Henri Meschonnic, con el título Carta sobre las aguadas de Víctor Hugo.

Dossier: Henri Meschonnic

 

2 comentarios en “El pincel y la tinta

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