Más allá de la voluntad de verdad…

No deja de ser inquietante la pregunta por lo verdadero. No hay plano de la existencia en que esto, en algún momento, no cobre un relieve notable. Incluso para aquellos que piensan desde una vita reale que no hay propósito alguno en plantearse alguna cuestión respecto de la verdad. En el pragmatismo más acérrimo la verdad irrumpe en el momento mismo en que esta excluida de su hacer. Lo verdadero no sólo es cuestión de oponerlo a lo falso o a la mentira, quizás su dimensión sea la de revelarse ante el olvido, ante aquello de lo que no se quiere saber. Y lo falso quizás no es más que una monstruosidad lingüística. La verdad entonces, no es cuestión de metafísica ni de ontología alguna, lo verdadero pertenece al ámbito de lo más humano, el único registro que allí asiste al ser es el de la tontería.

Sin pretensiones de emancipación ni liberación de algún tipo, es cierto que no nos es posible escapar de la tontería cuando existimos en las redes inevitables del decir. No hay dicho que escape a este registro, pues es la propia existencia del discurso la que nos coloca en el mundo, donde afirmar la verdad de algún asunto o cuestión crea la posibilidad inmediata de su contrario. La referencia está perdida cuando del mundo que habitamos se trata. No hay mundos posibles si no es por lo inmundo de la sustracción de un mundo de la vida viva. Todo lo que es dado, lo es por el plano mismo de la significación y antes de la significación por la inscripción de un non sense que originó el campo mismo del habla y el lenguaje. Allí donde aparece el símbolo antes se inscribió la letra, un rasgo. Que quizás no es más que decir el signo de un grito, un balbuceo. ¿Dónde queda lo verdadero?

Es allí donde un aprendiz de brujo puede hacer su aparición. “Los servidores de la ciencia han excluido al destino humano del mundo de la verdad, y los servidores del arte han renunciado a formar un mundo verdadero con eso que un destino ansioso los obliga a hacer aparecer. Aunque no por ello es fácil escapar a la necesidad de alcanzar una vida real y no ficticia”. Se trata de un fragmento de un texto de Georges Bataille que se titula, precisamente, “El aprendiz de brujo”. Nos encontramos con dos mundos posibles, o más bien, con dos posiciones que nos dicen algo de la verdad, de lo verdadero. Y sin tomar las disciplinas que soportan estos saberes: la ciencia y el arte, me serviré de lo que leo en este fragmento, se trata de la constatación y de la ficción. El campo de lo que existe y es constatable y el campo de lo que es inexistente pero es creable. Tenemos, entonces, la constatación y la creación. En esos planos ubicaremos el asunto de la verdad. En uno y otro el artífice presente o pretendidamente ausente es el sujeto: el aprendiz de brujo, diríamos, -dejando de lado ya lo que Bataille plantea en ese texto de donde extraemos el fragmento citado-.

Cuando se trata de lo ‘humano’ no hay manera de borrar la verdad, cualquier intento de expulsión inscribe el movimiento mismo del retorno. Si para constatar lo que es verdadero debe prescindirse del sentido (el destino supuesto) -puesto que no hay brujo ni aprendiz sin que se pretenda algún tipo de trascendencia-; si de ello se prescinde, entonces no hay propósito en la ciencia, para que la haya tiene que haber sujeto con su imborrable relación de significancia. Eso la hace posible. En la ficción se excluye lo verdadero cuando se renuncia a lo imposible. En el mismo momento en que desaparece el obstáculo la verdad se diluye. No hay vida sin destino cuando de lo humano se trata, -incluso en lo ‘posthumano’-, cuando es la vertiente del lenguaje la que nos da la verdad, lo verdadero se nos impone sin esperarla. En su revés constatamos que la ficción de un destino no es más verdadero que lo real de un imposible. Lo verdadero tiene caducidad y sólo en ella encontramos la necedad de un porvenir ilusorio. Pero, ¡¿hay lo real?!

Escrito por: José Alberto Raymondi

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Un pensamiento en “Más allá de la voluntad de verdad…

  1. Bravo! Yo confieso que me sigo liando cada vez que uso (o se usa) la palabra verdadero. Creo que tiendo a orientarla hacia lo real sacándola de la ficción, poniéndola así en un inalcanzable. Por decirlo en lacaniano, las verdades de las ficciones serían meros semblantes frente a la imposible verdad que hermana con lo real. Así entiendo lo que dice JAR de la ficción del destino, lo que sería el engaño fantasmático, que pretende dar un rodeo para no enfrentar lo real…

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